Inglaterra

Uno de los principales problemas al revisar la convocatoria de la selección inglesa está en la escasa creatividad que suman entre todos sus centrocampistas. Con Wilshere fuera de la lista de Gareth Southgate, y Adam Lallana habiendo tenido muchosproblemas físicos, la apuesta del técnico ha ahondado más si cabe en una idea de transiciones verticales y la elección de jugadores muy capaces de moverse con explosividad a los espacios abiertos.
Frente a Nigeria, el combinado inglés ha salido con esa zaga de tres centrales que hemos visto de forma regular en la última etapa de los ‘Three Lions’, quizás precisamente aceptando que su idea de juego va a alejarse bastante del control y se tratará de abarcar, tanto a lo ancho como a lo largo, muchos metros en la defensa de las transiciones de los rivales cuando éstos recuperen el cuero.
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Por ahí puede explicarse que Kyle Walker sea el central derecho de esa zaga de tres centrales. Guardiola, de hecho, enfocó su fichaje a lograr un impacto parecido. El técnico español, consciente de que en el fútbol inglés era muy complicado tener el control total a través de la pelota, le sumó como arma para defender espacios abiertos gracias a su tremenda velocidad. Si los partidos de Inglaterra tienden al ida y vuelta, Walker es un buen arma defensiva en esa posición.
En ataque, Kane y Sterling se compensaron bastante bien durante el primer tiempo. El del Manchester City ha crecido mucho en su juego de apoyos, pero eso ha sido consecuencia del alto índice de posesión que ha tenido el campeón de la Premier League. Al fin y al cabo, el canterano del Liverpool es una bala y en situaciones de transiciones rápidas sin duda es un buen complemento para el buen tacto de Kane a la hora de guardar la pelota jugando de espaldas.
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Sin duda, lo más positivo para la selección inglesa es que Southgate tiene claro el plan de juego, y tanto su estructura defensiva como la elección de sus jugadores de ataque son coherentes para desarrollarlo. Sin embargo, hay una carencia que parece clave resolver, y esa falta de piezas que hagan de nexo, algo que quedó en evidencia, sobre todo, en la segunda mitad ante el conjunto nigeriano, puede acabar pesando demasiado.
Si Dele Alli y Lingard son la pareja de interiores, al equipo le faltan apoyos por detrás de la línea de la pelota, porque ambos tienden siempre al desmarque vertical. Eso acaba obligando al equipo a tener a varios futbolistas jugando de espaldas, lo que divide en exceso la continuidad entre acciones con balón, y además deja expuesta a una defensa que aunque abarca bien el propio campo para reducir el impacto de los contragolpes rivales, está en clara desventaja. De cómo resuelva Southgate la ecuación de su zona ancha dependerá en gran medida el éxito de Inglaterra en la Copa del Mundo, y parece claro que necesita una ‘caja de cambios’ para poder elegir la velocidad de sus acciones.